1.1. Imperio romano

España conservó, hasta hoy, su nombre latino, al contrario que Francia (Gallia), Alemania (Germania) e Inglaterra (Britania), lo que subraya la continuidad con las raíces seculares dentro del marco europeo.

 

1.2. Política

Entre los siglos I-II Hispania aportó dos emperadores, procedentes ambos de Itálica: Trajano, con el que el Imperio alcanzó su máxima extensión, sucedido inmediatamente de Adriano, que consolidó su legado y fue uno de los mejores administradores en el conjunto de la de la historia de Roma. A él se debe la fortaleza de SantAngelo.

Del siglo IV es el emperador Teodosio, nacido, según todos los indicios, en Coca (Segovia). Reunió las porciones oriental y occidental del Imperio, siendo el último emperador en gobernar todo el mundo romano. Es autor de la primera codificación del Derecho Romano. Tomó la trascendental decisión de hacer del cristianismo la religión oficial del Imperio mediante el Edicto de Tesalónica, en 380. Ha sido una de las aportaciones más importantes de España, porque con ello Europa empezó a llevar el sello cristiano sobre cualquier otro. Constantino sólo había concedido a la Iglesiala libertad.

 

1.3. Cultura

Escritores:

  • Séneca (Córdoba, s.I). Filósofo, político, orador, escritor y autor de obras de carácter moralista (estoico). Con Cicerón, una de las personas más destacadas de la historia intelectual de Roma.
  • Marcial (s. I), de Calatayud. Autor de los «Epigramas» (poesía satírica). Maestro en el género, muy temido por su mordacidad en la sociedad romana de su tiempo.
  • Quintiliano (Calahorra s. I). Autor y profesor de Tratados de Retórica, uno de los más importantes en la historia de Roma, muy seguido en la Edad Media.
  • Columela (Cádiz, s. I). Uno de los mejores especialistas del Imperio en asuntos agronómicos. Continuador de Varrón y Catón.
  • Prudencio (Zaragoza o Calahorra, s. IV), el más eximio de los poetas cristianos latinos. Se convirtió en un modelo a imitar en toda Europa, siendo colocado a la misma altura que Homero. Su influjo pervivió durante toda la Edad Media sobre la poesía cristiana de aquel extenso período.

 

1.4. Iglesia en España

Muy pronta implantación del cristianismo en Hispania. Muy probablemente fue Iglesia «apostólica», es decir, fundada por un apóstol (Santiago y/o San Pablo). En Europa sólo tiene esta condición la Iglesia de Roma. A comienzos del siglo IV, casi a raíz de la Paz de Constantino, tiene lugar el Concilio nacional de Illíberis (Elvira), con asistencia de 30 obispos, uno de los primeros Concilios de la cristiandad, que se multiplicaron a raíz de esta iniciativa hispana.

Una de las máximas figuras de la Iglesia en este siglo fue Osio, Obispo de Córdoba (s. IV). Consejero de emperadores, padre de concilios y símbolo de la ortodoxia de Occidente por la afirmación de la divinidad de Cristo. Fue por ello llamado por Constantino al Concilio de Nicea (325), donde se proclamó el carácter dogmático de esta verdad cristiana.

 

1.5. Iglesia Visigoda

Los Concilios de Toledo fueron un acontecimiento eminentemente nacional, columna vertebral de la nación en su dimensión política y religiosa. Pero no traspasaron las fronteras.

San Isidoro sí fue, en cambio, una figura de ámbito europeo, gracias principalmente a las Etimologías o libro de los orígenes, en 20 libros. Es un repertorio inmenso de todo el saber divino y humano de la antigüedad hasta el s. vii: Dios, la naturaleza, el hombre, las religiones, las artes liberales, la medicina, la agricultura… Suma de todos los conocimientos de la antigüedad, enciclopedia obligada de consulta.

No es una obra de investigación sino una recopilación, la única en su tiempo y que pervivió durante todo la Edad Media. Una especie de Wikipedia de la época, de enorme utilidad para todos los estudiosos. Se conservan más de 1.000 manuscritos, distribuidos por casi todos los países europeos, desde Portugal e Irlanda a hasta los Países Bajos, porque fue una de las obras más reproducidas en el continente, sucesivamente reeditada hasta la actualidad. Se considera una de las obras más representativas y celebradas de la cultura española, con mayor difusión universal. La invasión árabe malogró que España se adelantara en un siglo a Francia (Academia Palatina) en la restauración cultural tras la caída del Imperio.

 

1.6. España árabe

El esplendor de la cultura árabe tiene no poco de ficticio en su dimensión intelectual, aunque Al Andalus fue la base de lanzamiento de la sabiduría que traían y de la que aquí cultivaron.

El esplendor cultural árabe se debió, muy marcadamente, a la incorporación de conocimientos de otros pueblos con los que estuvieron en contacto por vecindad o por conquista, como la cultura grecolatina, persa, egipcia o india, en aspectos como las matemáticas o las ciencias aplicadas, la medicina, o la astronomía. El mayor apogeo se da en el siglo X con el califa Al Haken II. Hubo también presencia judía, particularmente con Maimónides,

Lo más destacado fue la Filosofía andalusí, basada en el pensamiento griego, principalmente el de Aristóteles, que había sido introducido en el Islam por el persa Avicena. Pero fue en España donde se dio el paso del neoplatonismo al aristotelismo, muy importante para el pensamiento filosófico y político en la Europa medieval, a través de la Universidad de París y de Santo Tomás de Aquino.

Su principal representante fue Averroes (Córdoba, 1126-1198), el más destacado de la cultura andalusí y en buena medida de la filosofía islámica, quien cultivó también la historia, el derecho y la teología, siempre inspirado en el aristotelismo. Pero el mundo árabe se mostró, en conjunto, ajeno a este pensamiento, y el mismo Averroes fue exiliado de Córdoba. Es de señalar que los árabes no conocieron a los clásicos griegos en sus fuentes originales, sino a través de las traducciones que entre los siglos iv al vii se hicieron por los monjes cristianos sirios a su lengua: el árabe. Fueron ellos los verdaderos intermediarios entre Grecia y el Islam.

En las ciencias predominaron las disciplinas prácticas como la medicina, la agricultura, la navegación, la arquitectura y la física. De manera muy particular destacan las matemáticas y la astronomía, gracias al sistema de numeración arábigo (procedente de la India), que introdujo el cero. Con él desarrollaron el álgebra y la trigonometría. Azarquiel (Toledo, 1034) fue el astrónomo más importante del Medioevo. Sus tablas astronómicas fueron utilizadas hasta las de Kepler (1571-1630). Inventó el astrolabio y la brújula. En este campo de la ciencia, otros inventos fueron el papel y la pólvora.

En medicina, los árabes de la península fueron los más avanzados de su tiempo, pero fue ejercida ante todo por médicos cristianos y judíos.

Dieron también un gran desarrollo a las técnicas agrícolas del regadío como la noria y las acequias, y trajeron cultivos asiáticos como el arroz y la naranja.

En arte nos han dejado obras como la Alhambra, la Mezquita de Córdoba, el Alcázar de Sevilla y la Torre del Oro.

 

1.7. Academia de Aquisgrán (IX)

En la segunda mitad del siglo VIII la Corte de Carlomagno era el centro de la Europa política y cultural, con la presencia de hombres ilustres de distintos países. Procedentes de España, uno de los más distinguidos: Teodulfo de Orleans, hecho obispo de esta ciudad, promotor, junto al monje Alcuino, originario de Inglaterra, de la Academia palaciega de Aquisgrán, que impulsó la renovación cultural y religiosa de los países carolingios. Otro fue Benito de Aniano, de procedencia visigoda, con el nombre de Witiza, a quien se encomendó la unificación de las Reglas monásticas existentes en la Francia carolingia, lo que no impidió el predominio de la benedictina. La Ciudad de Dios de san Agustín y la Regla de san Benito sirvieron de inspiración al modelo de Carlomagno para su idea de imperio cristiano, sucesor del de Roma.

 

1.8. Camino de Santiago

Fue durante siglos la máxima conexión geográfica, espiritual, cultural, artística y económica entre España y Europa, principalmente con los países del centro y sur, pero con prolongaciones hasta Inglaterra y países nórdicos. Toda la vida de Europa circulaba por los caminos que conducían a Compostela. Caminos que se abrieron desde mediados del s. vii con la divulgación de la aparición de los restos del apóstol en el finisterrae, y que se prolongan todavía hoy. Los europeos se dirigían a Compostela como a Jerusalén y a Roma, es decir, como a un centro del máximo poder espiritual –no religioso y político como podría ser el de Roma–, aun a riesgo de que allí pudieran llegar todavía las huestes musulmanas, como así ocurrió no pocas veces.

El fenómeno del «Camino de Santiago» fue algo así como un ensayo de primera «Comunidad Europea». Existía la comunidad de fe, el sentido de unidad entre todos los pueblos y gentes que, con la fe, llevaban y traían tanto lo común como lo peculiar de cada uno de ellos, dejándolo a su paso por cada región que atravesaban y recogiendo lo que en ellas encontraban. El camino fue una puerta abierta por donde entró Europa y por donde salió una idea y una experiencia de España llevada por aquellos viajeros. Fue un encuentro permanente de lenguas, de estilos de vida, de ideas, de solidaridades y de amistades que se forjaban con el encuentro, de informaciones sobre los países de origen y destino, de sentido de pertenencia a una patria común más allá de las distancias y fronteras.

En realidad, Europa puso en común muchas cosas gracias a los contactos que permanentemente generaba el encuentro con otros peregrinos y otros escenarios: los diversos estilos de vida, los conocimientos de la época en cada área de la actividad humana, las redes de hospitales, albergues y mercados en cada una de los itinerarios, los intercambios de moneda. Esos caminos fueron también rutas comerciales por las que transitaban buen número de productos y técnicas de cada país; comerciantes gallegos se asientan en los Países Bajos, con la enseña jacobea. Regiones enteras se repueblan en las inmediaciones de los caminos, gracias a los privilegios reales y a la acción de las poblaciones de las comarcas recorridas

El arte (románico y gótico) debe mucho a este intercambio de conocimientos y técnicas en el campo arquitectónico, en el que las influencias mutuas son decisivas, así como en la transición del uno al otro. De manera notable, son los monasterios europeos los que organizan no sólo el fluir de las peregrinaciones, fuera y dentro de la península, sino los que imprimen su sello a este arte a partir de su inspiración espiritual y estética, que pasaría de los monasterios a las catedrales y a monumentos civiles. Fue este intercambio el que trajo a España tantos artistas a lo largo de los siglos siguientes.

 

1.9. Los «Beatos» (IX-XII)

Algo que parece típicamente español pero que adquiere una presencia europea porque las circunstancias eran comunes. En el s. VIII, en torno 786, un monje cántabro llamado Beato, que dio finalmente nombre a estos libros, escribe un comentario al Apocalipsis, y por tanto al tema que le es propio: las amenazas que penden sobre la humanidad, teniendo a la vista sobre todo las que recaen en este periodo sobre España. La invasión que ha sufrido, la pérdida de la patria, la opresión, la persecución religiosa: este es el cuadro de fondo, al que se une la expansión de la herejía adopcionista (Elipando), y la proximidad del año 1000.

Pero bajo circunstancias similares, este panorama estaba también presente en otros lugares: devastaciones producto de las invasiones que siguen llegando a Europa: vikingos, magiares, anglosajones, sarracenos, turcos; guerras franco-británicas, enfrentamientos entre ciudades y reinos, que la Iglesia intentó apaciguar con la «Tregua de Dios» y el derecho de asilo; epidemias, la misma perspectiva del año 1000.

Los comentarios de Beato en torno a las catástrofes ya vividas y a las anunciadas en el Apocalipsis aportan a todos una perspectiva de esperanza y aliento. Así se percibió más allá de los Pirineos, y la obra del monje español se extendió como uno de los libros más leídos. La reflexión que España formulaba sobre los destinos nefastos que se vivían encontró, en la Europa de los siglos viii al xiii, un bálsamo sus propias desventuras.

Su iconografía, por otra parte, abrió paso a los innumerables manuscritos miniados que se extendieron por el continente.

 

1.10. Escuela de Traductores de Toledo (XII-XIV)

Es una de las aportaciones más características de la cultura española.

Promocionada por Alfonso VI tras la reconquista de Toledo. Se discute quién fue su primer director: Bernardo, monje de Cluny y primer Arzobispo de Toledo, que acompañaba al rey en la entrada a la ciudad, u otro arzobispo, monje del Císter, Raimundo de Salvetat, a comienzos del s. xii. Gracias a la convivencia que se había conseguido entre las tres comunidades religiosas de la ciudad: cristianos, árabes y judíos, fue posible la iniciativa de traducir al latín primero, y más tarde al castellano, las obras mayores de producción musulmana (las que hemos visto que desplegaron en España, tanto de origen andalusí como del califato de Bagdád), y algunas judías. Ello representaba un enorme campo de conocimientos en buena parte ignorados en España y el resto de Europa.

Entre la masa de obras que llegaron a Europa desde Toledo, algunas lo eran por solicitud directa de los interesados. Así, uno de los fundadores del Cister –una rama benedictina–, el inglés Esteban Harding, solicitó al Rabino mayor de Toledo la versión de los salmos que ellos utilizaban, y que consideraban más segura que la que se usaba en la Iglesia Romana. También Pedro el Venerable, Abad de Cluny, solicitó una traducción del Corán al latín. Fue la primera versión que se hizo del libro, con el propósito de conocer el pensamiento religioso de aquellos a los que se estaba combatiendo en España y en Palestina con las cruzadas.

Las traducciones del árabe al latín se debían a nativos de la ciudad (árabes), y en ocasiones a judíos, muy numerosos en Toledo. La mayor parte de los traductores del latín al castellano eran clérigos. El más famoso fue Domingo González (Gundisalvus), arcediano de Segovia, a quien se atribuye la formación de la Escuela en tiempos de Alfonso X el Sabio.

Toledo inundó a Europa de todos los saberes judíos y sobre todo árabes. España fue la puerta o el puente por donde llegó a los centros intelectuales europeos todo ese saber, que enriqueció una cultura europea ya desarrollada a partir del legado romano y del cristianismo oriental que, intelectualmente, se había formado en contacto directo con el mundo griego.

Sin embargo, el conocimiento de Grecia había llegado a Europa mucho antes. Los sabios cristianos orientales de los primeros siglos, como Justino, Ireneo, Dionisio el Areopagita, Basilio, Gregorio de Nisa y Gregorio Nacianzo, Atanasio, etc. se habían formado, casi todos, en Atenas o en Constantinopla, donde el helenismo seguía muy vivo. Una de las dos colecciones que reúnen los escritos cristianos de los primeros siglos es la llamada Patrología Griega, compuesta por 150 volúmenes in-folio, que reúne hasta el siglo xiv las obras de los autores cristianos orientales de lengua y cultura griegas. La Academia de Atenas no se cerró hasta el 528, el mismo año que San Benito fundaba la abadía de Monte Casino. Fueron ellos los que transmitieron la información básica sobre el saber clásico griego. En Occidente, los monasterios, las escuelas y academias monásticas, la Escuela Palatina de Aquisgrán, las Sedes catedralicias alimentaron esta herencia, enriquecida ahora por las fuentes que llegan de Toledo. España fue intermediaria entre el oriente islámico y el occidente cristiano.

No obstante, esta aportación proveniente de España resultó de hecho una de las máximas contribuciones a la formación de la cultura europea. Con el hecho relevante de que los intelectuales cristianos apreciaron esta filosofía griega mucho más que el Islam, en el que su máximo conocedor, Averroes, fue bastante poco estimado en el conjunto de la cultura árabe.

 

1.11. Fundadores monásticos: Sto. Domingo de Guzmán, San Ignacio de Loyola, Sta. Teresa de Jesús.

De sus manos y de su espíritu salieron –y se extendieron por Europa y por el mundo–, generaciones de hombres y mujeres de la mejor calidad humana. Lo fueron por su categoría personal, por su servicio a Dios y a los hombres, por su formación espiritual e intelectual, por su atención al saber: sobre Dios, sobre las realidades del mundo y de los hombres, por su pasión por entregar a los demás esta experiencia, por sus servicios de todo orden a la sociedad, por su consolidación y expansión del cristianismo. Ellos han estado habitualmente en la cima de la vida espiritual e intelectual allí donde han estado presentes.

Desde su creación, ellos han sido, junto a otros monjes y religiosos, la fuerza interior más poderosa de la Iglesia y de la sociedad, primero en toda Europa y más tarde en América, durante siglos. Por la extensión de su presencia, por la riqueza de su vida y de su acción, ellos han representado uno de los pilares de Europa a partir del siglo xiii y xvi, en una proporción que es muy difícil sopesar. Un número muy importante de ellos han sido españoles, pero todos han llevado el genio hispánico de sus fundadores. O Fundadoras: Santa Teresa de Jesús, cuya reforma llenó los países católicos europeos de Carmelos femeninos, cuya vida contrapesó la reforma protestante, y más tarde jansenista, en una medida sólo conocida por Dios.

Dominicos y Jesuitas, aparte de su dimensión religiosa, han sido las máximas organizaciones culturales de la Iglesia universal, y posiblemente también en todo el ámbito cultural Europeo. Se encontraron con un terreno preparado durante varios siglos por otros monjes, que habían consolidado los pilares de Europa.

En concreto, los Ejercicios de San Ignacio han tenido una estela de formación de las conciencias y de las mentes seguramente más extensa y profunda que el conjunto de la obra filosófica de los ilustrados. Tanto porque han llegado a bastantes más personas, como por la huella dejada en las conciencias. ¿Quién puede calcular la cantidad de personas que a través de los Centros docentes, «Colegios», Universidades, centros educativos, parroquias, pueblos, conventos, el conjunto de las instituciones religiosas de la Compañía y de toda la Iglesia, han tenido acceso a ese libro? De hecho, todavía hoy, todos los religiosos, seminaristas y sacerdotes, deben hacer cada año los Ejercicios. El número de estos lugares y los asistentes a ellos ha sido, en conjunto, con toda probabilidad, muy superior al de los centros universitarios europeos difusores de esa filosofía. Y el vestigio dejado, más intenso en su conjunto.

 

1.12. Inquisición

Se instituyó porque la fe era considerada como el mayor bien de la persona, del pueblo y del Estado, y por tanto debía ser protegida por el propio Estado. Ella fue iniciativa conjunta por parte de Federico II de Alemania, en 1232, y del Papa Gregorio IV. En España sólo en el Reino de Aragón existió en la época medieval; nunca en Castilla durante ese periodo. Su extensión se hizo general en 1478 por Bula de Sixto IV a petición de los Reyes Católicos, ante la amenaza que suponían los conversos judíos para la unidad estrenada de la monarquía española. Su desarrollo y actuación son sobradamente conocidos, en líneas generales. Y también las contradictorias valoraciones sobre ella.

Lo que apenas se pone de relieve en el panorama europeo de la Inquisición es un conjunto de actuaciones que, sin recibir este nombre, sobrepasó las prácticas más objetadas de la española. Desde los tiempos de la Reforma algunos países europeos pusieron en marcha otra Inquisición: la persecución contra los católicos. Dos casos, ambos en países superdemocráticos y superilustrados: Inglaterra y Francia, sin olvidar la que anteriormente el Calvinismo había desarrollado en las regiones donde se hizo fuerte.

En Inglaterra la persecución contra la Iglesia católica duró casi tres siglos, como se hace de de ello un eco lejano el Martirologio Romano. Los muertos, desterrados y perseguidos se cuentan por miles. No sólo en Irlanda. Un vestigio de ello son las ruinas de los monasterios saqueados y semidestruidos con sus habitantes, hoy convertidos en lugares turísticos y en Patrimonio Artístico del país Al producirse el cisma Inglaterra contaba con una cifra aproximada de 800 monasterios. Muchos de ellos fueron arrasados, sus monjes asesinados o expulsados y sus bienes confiscados. Sus rebaños de ovejas fueron el primer motor de la industria textil inglesa.

La Revolución francesa se ensañó contra la nobleza, el clero (excepto el que aceptó la Constitución Civil del Clero) y el pueblo católico, con decenas de millares de asesinados y mártires, entre los que son célebres las 16 Carmelitas de Compiegne, que subieron cantando al cadalso.

Especialmente simbólica en este contexto es la Guerra de la Vendé. Fueron 773 los municipios implicados en la guerra, con una población 815.000 mil habitantes. De ellos los desaparecidos fueron 117.257 entre 1792-1802, es decir, el 14,38%. La gran mayoría muertos no en combate sino a causa de la represión ejercida sobre la población por las llamadas «columnas infernales», y los «centros de represión» encargados de arrasar palmo a palmo la totalidad del territorio, y de asesinar a cualquier persona que encontraran, sin excluir mujeres y niños. Por ejemplo, en la localidad de La Remaudier fueron masacrados 32 niños y niñas menores de quince años, en ocasiones junto a sus madres. En el conjunto, murieron por la misma causa tantas mujeres como hombres. La eminente dimensión religiosa de esta masacre ha sido subrayada de nuevo en los últimos años por los historiadores franceses.

Pero, probablemente la acción inquisitorial más activa fue la obra de la Ilustración, concebida como un verdadero tribunal inquisitorial contra la Fe, contra Cristo y contra la Iglesia. Una Inquisición de guante blanco, hasta que se desbordó en la Revolución Francesa, pero la más eficaz que se ha llevado a cabo en la historia.

 

1-13. La idea de Estado

España fue país pionero en la formación de la idea de Estado, cuando dan comienzo las iniciativas que van dando forma a lo que sería conocido con esta denominación. Desde finales del s. xii –1188– empiezan a actuar en el Reino de León, con Alfonso IX, las representaciones de ciudades y villas para definir los derechos que les habían sido reconocidos en Cartas y fueros anteriores. El sistema permitía establecer las libertades, derechos y obligaciones recíprocos entre la Corona y los vasallos.

A estas asambleas se fueron agregando los estamentos de la nobleza y del clero, y pronto el sistema se extendió a los restantes reinos peninsulares: Castilla, Aragón, Navarra y Portugal. Los temas que se hicieron comunes eran las relaciones tributarias, la hacienda local y general, las levas y la confección de leyes. Eran asuntos muy parecidos los que provocaron la publicación de la Carta Magna inglesa (Juan sin Tierra), que ha sido considerada durante mucho tiempo como punto de partida del concepto de Estado. Pero su fecha: 2015, la sitúa unos 20 años posterior a las iniciativas hispanas en las que se estaba alumbrando el Estado moderno.

 

P. ANSELMO ÁLVAREZ OSB

 

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