2.1. América

Asunto tantas veces tratado de forma tan multiforme, pero del que importa subrayar algunas dimensiones. Su descubrimiento abre los tiempos modernos más que cualquier otro hecho que se señale como inductor original de la modernidad. El mundo duplica su extensión sobretodo con los descubrimientos en el extremo oriente: Filipinas, Carolinas.

Significa la apertura e integración progresivos del nuevo mundo a Europa: a su religión, cultura, raza (mestizaje), a su civilización, comercio, etc. También, lentamente, a sus modelos políticos, primero a través de la Corona Española y de los virreinatos y mediante la constitución de los nuevos Estados

Mediante la evangelización del continente se extiende la cristiandad europea a escala universal. Porque el mundo entero es concebido por España como campo de evangelización.

Europa se prolongó en América, sin que por parte de España se produjera una ruptura con sus raíces morales, al contrario de lo que fue casi siempre la historia del colonialismo, atraído por el primordial objetivo expansionista y lucrativo.

 

2.2. Universidad y Escuela de Salamanca

El pensamiento católico más destacado que se desarrolla en Europa en el s. xvi es la que se promueve en la Escuela de Salamanca, en el campo de la teología y del Derecho Internacional Público, y prácticamente por los mismos Maestros. Se inicia este periodo con Francisco de Vitoria, en 1526,  y va hasta mediados del xvii

Sus Maestros más importantes, además de Vitoria, son: Melchor Cano, Domingo de Soto, Pedro de Sotomayor, Bartolomé de Medina, Vázquez de Menchaca, Domingo Bañez y Ambrosio de Salazar, todos ellos dominicos, y otro numeroso grupo de maestros españoles. Algunos de ellos participantes en la «Controversia de Valladolid».

Eran muy abundantes los alumnos procedentes del continente: Europa está inundada de manuscritos que recogen las lecciones dictadas por estos maestros, tanto los que enseñaban en Salamanca, como en Universidades del exterior. Es la Edad de Oro de la misma, y se extiende a las disciplinas de la Filosofía y la Teología Moral. Hay que subrayar la aportación de la Universidad de Coímbra donde enseñaban sobre todo los jesuitas, con Francisco Suárez y Luis de Molina al frente.

A los teólogos de Salamanca les interesaron sobremanera las cuestiones más cercanas al ser humano, especialmente la relación del hombre y la sociedad con la moral, la economía y la justicia, con atención también al nuevo humanismo. Su aportación se afirma en la corriente de pensamiento que asienta la realidad económica, moral y jurídica en el el principio del jusnaturalismo, según el cual las relaciones entre individuos y pueblos se sustentan en la razón, en la ética y en el derecho naturales, inspiradores del derecho positivo. Es el Derecho de Gentes, entendido como “autoridad en todo el orbe”, según la expresión de Vitoria, que la Gaudium et Spes (79) del Concilio Vaticano II consagró como propia al hablar de la “vigencia del derecho natural de gentes y de sus principios universales”. Por el contrario, Maquiavelo y sus seguidores habían afirmado el derecho público sobre el principio de la «razón de Estado».

La reivindicación de esta Escuela sólo ha venido en tiempos relativamente recientes, porque a los países anglosajones y, en parte a la propia España, no le interesaban los principios teológicos en que Salamanca basaba su doctrina, ya que contradecía sus intereses.

 

                  (Los temas siguientes, que representan uno de los capítulos esenciales de contribución española a Europa y al mundo, se enuncian sin entrar en detalles porque son suficientemente conocidos).

 

2.3. Mística

Es la gran palabra de España a Europa y al mundo (del espíritu místico español se habla más abajo). Los más destacados han sido Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Luis de Granada, Luis de León, Maestro Ávila, Osuna, Luis de Alarcón, Juan de Nuremberg, más un largo etc.

 

2.4. Cultura

Patrimonio artístico: a pesar de tantas devastaciones, el de España es uno de los más ricos de Europa en Monumentos de todas las épocas, sobretodo medieval y moderna: arquitectura visigótica, románica, gótica, renacentista, barroca.

Artes plásticas, con artistas y obras equiparables o superiores a los más celebrados de todas las épocas y países

Literatura: sobretodo los clásicos de los siglos xvi y xvii

Música sacra: Cristóbal de Morales, Tomás Luis de Vitoria, Francisco Guerrero, Antonio de Cabezón.

Universidades: Salamanca, Valladolid, Alcalá (centrada originalmente en el nuevo Humanismo y la Escritura), Coimbra (Francisco Suárez).

 

2.5. Ciencia

Poco que decir, hasta tiempos recientes. «La historia de nuestras ciencias exactas y experimentales tiene mucho de dislocadas y fragmentarias. Los puntos brillantes de que está sembrada está separados por largos periodos de de oscuridad. Lo que principalmente se nota es falta de continuidad en el empeño» (Menéndez Pelayo)… «Vivíamos derramados hacia fuera, sin el reposo necesario para organizar la ciencia» (Marañón).

Algunos capítulos de la ciencia se han cultivado bajo el aspecto de su aplicación, por ejemplo la matemática y la astronomía aplicada a la astronomía y la cartografía para los viajes. «El arte de navegar», de Pedro de Medina, fue libro de texto durante mucho tiempo en las Escuelas náuticas de Europa.

 

2.6. Concilio de Trento

Momento estelar de España en un tiempo sombrío de Europa y de la Iglesia.

Fue el más largo e importante de los Concilios de la Iglesia (1545-1563), celebrado en tres fases, debido a las alteraciones políticas en torno al mismo. Ya en 1518 Lutero había apelado a un Concilio, a celebrar en Alemania e independiente del papa, para librarse de las condenas que temía. Otras voces que pidieron el Concilio fueron las de Luis Vives (en 1522), para que «cesara la guerra entre los príncipes y reine pacíficamente la caridad entre los cristianos». Sobre todo Carlos V, que lo consideraba el único medio para impedir la escisión religiosa. Las divisiones entre los reyes y príncipes cristianos lo fueron relegando (guerra entre Francisco I y Carlos V) hasta 1545. Pero no pudo atraer a los protestantes.

El primer programa del Concilio, al que finalmente Paulo III se comprometió en 1536 ante Carlos V, fue la reforma de la Santa Sede y de toda la cristiandad. En conjunto el Concilio fue predominantemente doctrinal, frente a las posiciones luteranas y calvinistas, de modo particular en torno al pecado y la justificación, los sacramentos, especialmente Bautismo y Eucaristía, impugnados por los reformadores, aunque se dio también una gran importancia a la reforma de las instituciones de la Iglesia, como el carácter residencial de los obispos y el origen divino de su potestad, subordinada a la jurisdicción del Papa, o la creación de los seminarios para la formación del Clero.

En él intervino, por parte española, el poder temporal –Carlos V y Felipe II–, y lo más representativo de la Iglesia española de aquel tiempo y, seguramente, de todos los tiempos. El primero para urgir la convocatoria del Concilio y asegurar su continuidad y aplicación. La segunda para aportar la argumentación más poderosa en la defensa, ilustración y definición de los dogmas de la fe.

Lutero y la Reforma habían puesto en entredicho lo sustancial del dogma católico, y con ello la unidad religiosa y política de Europa. Ya entonces se demostró hasta qué punto la unidad de Europa, por encima de sus nacionalidades, estaba sostenida en el vínculo superior de la Fe común. Esto afectaba a la Monarquía española, cuyas convicciones católicas iban a la par con sus responsabilidades en el marco europeo.

En representación de los monarcas españoles fueron enviados el Cardenal Imperial Pedro Pacheco, obispo de Jaén, por parte de Carlos V, y el Marqués de Pescara y el conde de Luna por Felipe II, más otros muchos obispos españoles, también en representación real.

Por su parte, los obispos y teólogos españoles asumieron, en primera línea, la defensa de la fe negada por los reformadores. Merece la pena recordar a algunos de estos teólogos que, junto a los de la Escuela de Salamanca, representan seguramente la mejor teología española y europea entre los siglos xvi y xx: Diego Laínez, Domingo de Soto, Bartolomé Carranza, Andrés Vega, Alfonso de Castro, Alfonso Salmerón, Francisco de Navarra, Melchor Cano, Pedro Guerrero.

De los 14 teólogos delegados por el Papa al Concilio, 11 fueron españoles.

El interés de España por el Concilio se mostró, así mismo, en que España (Felipe II) se adelantó a la publicación de los documentos conciliares siete meses antes de su aprobación pontificia. En un año se habían hecho nueve ediciones de los textos conciliares. Al contrario que en Alemania donde tanto los príncipes como no pocos obispos católicos la retrasaban indefinidamente. Francia, bajo la influencia de la regente Catalina de Médicis, no los publicó hasta 1615, más de 40 años después.

El fruto fundamental de ese Concilio fue la Contrarreforma, que produjo una renovación extraordinaria de la vida religiosa, cultural y artística (Barroco europeo): multiplicación de Órdenes y Congregaciones religiosas, creación de innumerables Seminarios, escritores y apologistas católicos, de conversos, de santos, de ascetas y místicos, de santidad entre el clero y los Obispos, el Catecismo de Trento, fuente de todos los catecismos de Europa y América hasta el Concilio Vaticano II.

Trento es uno de los acontecimientos más representativos de la historia de España, aunque sea un hecho eclesial y europeo. En él España dejó lo más valioso y representativo de sí misma: la defensa de la fe católica como la realidad más decisiva para aquel tiempo y para los sucesivos.

En realidad, Trento ha sido, tal vez, el gran momento de España en Europa, cuando sus representantes dijeron las palabras que, a partir de entonces, han tenido una resonancia más fuerte y duradera en la vida del continente: las que han marcado el itinerario de la Iglesia católica desde el siglo xvi al xx. Esa Iglesia que ha sido la institución más estable y, silenciosamente, más dinámica de esos siglos, a pesar de las turbulencias que han afectado a la historia del pensamiento y de los Estados europeos.

 

2.7. España, baluarte del cristianismo

España fue baluarte y muro de Europa frente al Islamismo. Primero en la península, con el coste de ocho siglos de lucha. Poco después en Lepanto: de nuevo, barrera contra la amenaza islámica sobre Europa.

España fue, igualmente, paladín, en los siglos xvi-xvii, de la unidad europea, cuarteada por la división religiosa. España se desangró, en los campos y en los mares de Europa (desastre de la Invencible) para mantener esa unidad sobre un sustrato cristiano común, mientras lo extendía y consolidaba en América.

Y todavía, en tiempos recientes, ha tenido arrestos para frenar al comunismo ideológico y político, y con él el materialismo y ateísmo.

 

P. ANSELMO ÁLVAREZ OSB

 

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