La situación de Europa

En 1982 San Juan Pablo II, en su labor pontifical, viajó a España. Estuvo entre nosotros diez inolvidables días. El papa acudió a Santiago de Compostela, para rezar con sentida devoción ante la tumba del Apóstol. Allí, en Santiago, al final de su viaje apostólico, en la Catedral, ante los Reyes de España, y autoridades españolas y europeas, el papa polaco presidió el Acto Europeo, el 9 de noviembre. En el discurso que pronunció San Juan Pablo II puso de manifiesto cómo la historia de la formación de las naciones europeas “va a la par con su evangelización”, o cómo “la identidad europea es incomprensible sin el cristianismo, y que precisamente en él se hallan aquellas raíces comunes, de las que ha madurado la civilización del continente, su cultura, su dinamismo, su actividad, su capacidad de expansión constructiva también en los demás continentes; en una palabra, todo lo que constituye su gloria”.

A la vez de realizar este reconocimiento, y de bendecir a Dios por haber iluminado con la luz evangélica este continente, San Juan Pablo II advertía de la severa crisis en la que encontraba a Europa, tanto en la vida civil como la religiosa. A la primera la veía, (¡hace 36 años!) afectada por las consecuencias de las ideologías secularizadas, que niegan a Dios, limitan la libertad religiosa, la preponderancia del éxito económico respecto de los valores humanos del trabajo y la producción, la expansión del hedonismo y el materialismo, que atacan los valores de la familia prolífica y unida, los de la vida recién concebida, la tutela moral de la juventud; el nihilismo que impide afrontar los problemas cruciales como los de los nuevos pobres, emigrantes, minorías étnicas y religiosas, recto uso de los medios de comunicación, a la vez que “arma las manos del terrorismo”.  A la segunda, la vida religiosa, la veía dividida no por razón de las rupturas protestantes, sino por la defección por parte de los bautizados y creyentes de las razones profundas de su fe y del vigor doctrinal y moral.

Visto en perspectiva, pasado el tiempo desde ese discurso, es evidente la inteligencia y la capacidad de análisis del Santo Padre. Los problemas de la sociedad europea actual son los descritos en 1982, ante la tumba de Santiago. Sin embargo, y como no podía ser de otro modo, San Juan Pablo II no se limitó a realizar un certero análisis. El papa Wojtila se dirigió a los corazones de los europeos, desde la meta del Camino de Santiago:

Por esto, yo, Juan Pablo, hijo de la nación polaca que se ha considerado siempre europea, por sus orígenes, tradiciones, cultura y relaciones vitales; eslava entre los latinos y latina entre los eslavos; Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades.

Así es. Un grito lleno de amor: vuelve a encontrarte, sé tu misma, descubre tus orígenes, aviva tus raíces.  Y una receta sencilla, pero definitiva: Europa, abre tus puertas a Cristo.

 

La Fundación Foro San Benito Europa

El Foro San Benito Europa, más allá de su forma jurídica concreta, es una idea largamente madurada, que tuvo su germen en el seno de la comunidad benedictina de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, auspiciada de forma significativa por el P. Anselmo Alvarez, en la actualidad Abad Emérito.

La importancia de la orden benedictina en la construcción de Europa es determinante. No en vano, Nuestro Padre San Benito, como se refieren a él los benedictinos, fue declarado Padre de Europa por Pio XII, en 1947; y posteriormente patrón principal de Europa, por Pablo VI, en 1964. Es curioso cómo con posterioridad, Juan Pablo II añadió como patronos de Europa a los Santos Cirilo y Metodio, Santa Catalina de Siena, Santa Brígida y Santa Edith Stein, todos pertenecientes al orden monástico. En palabras del P. Anselmo, OSB:  Europa, ayer creada por los monjes, hoy encomendada a su protección y defensa.

Europa, entre los siglos V y  XII se vertebra por el monacato, muy especialmente el benedictino. La evangelización de Europa tiene lugar, en esa Edad Media no por medio de la predicación, aunque se pudiera usar, sino por el contacto directo con la fe y con el Evangelio, encarnados en la vida de los monjes. Estos dan testimonio por medio de su vida y de la práctica litúrgica, como lugar del encuentro con Dios.  De hecho fue una gramática latina, creada para comprender la liturgia, uno de los instrumentos más eficaces de evangelización. En palabras de Benedicto XVI, pronunciadas en Monte Casino, lugar fundacional de la orden benedictina, en mayo 2009: “En vuestra Abadía se toca con la mano el quaerere Deum, es decir, el hecho de que la cultura europea ha sido la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle”. S. Benito hizo de este objetivo la razón de ser del monje: buscar a Dios, escuchar a Dios. Los fines propios del monje son los que han modelado su imagen, pero también los que han dado figura a Europa, y los que definen y construyen la realidad del hombre: ora et labora et lege: oración, estudio y trabajo. Ello configura el  cristianismo como el primer y más persistente cohesionador Europa, hasta hacer de ella una comunidad de pueblos muchos antes de que naciese la Comunidad Europea, representada en el Sacro Imperio Romano-Germánico desde año 800. Una misma fe que posibilitó la unidad política, religiosa, cultural, lingüística del occidente.

Los monjes son igualmente pioneros en la construcción cultural europea, la enseñanza escolar y universitaria, las bellas artes, el arte románico y gótico, trabajo del campo, y una larga lista de saberes transmitidos gracias a su acción.

La cuestión es si, dada la situación actual de Europa, advertida por Juan Pablo II en el discurso citado, en la que el triunfo del relativismo, el hedonismo, el materialismo, las nuevas formas de marxismo, tales como lo políticamente correcto o la ideología de género, limitadoras de la libertad, y atentatorias contra la dignidad del ser humano, pretenden crear un modelo social diseñado para destruir al individuo, tiene sentido el ora et labora et lege. ¿Está vigente San Benito como vertebrador de Europa? ¿Tiene Dios el sitio central en nuestra sociedad? ¿Reconocer a Cristo como piedra angular es el camino de la reconstrucción del hombre europeo? La respuesta sólo puede ser una: sí.

Este es el camino que el Foro de San Benito Europa quiere describir. En sus fines estatutarios, la Fundación pía se marca seguir la tradición de los monasterios benedictinos, de la mano de la Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, buscando dar una respuesta desde la fe a los problemas que acucian el hombre occidental hoy, especialmente al español. Para ello el Foro San Benito impulsará iniciativas dirigidas al estudio y promoción de la cultura cristiana europea, colaborar en la medida que se requiera con la Abadía en la realización de los fines de culto propios, dando a conocer la liturgia, todo ello desde la perspectiva de la tradición benedictina y de la Nueva Evangelización. Poco más actual que la Regla de San Benito, instrumento que ha permitido la vigencia de una institución durante quince siglos.

El Foro de San Benito Europa quiere acompañar al hombre europeo en su viaje de regreso al reencuentro con Jesucristo. Esta web que está leyendo, amable lector, es el foro donde llamaremos a que discurran personajes de muy diferentes ámbitos, que nos darán su mirada cristiana sobre Europa, y muy especialmente sobre el ser humano en Europa. Pero queremos que sea algo más que una acumulación de contenido doctrinal e intelectual. Queremos que eso sea algo vivo, como nuestra fe, encuentro personal y real con Jesús. Ello nos llevará a realizar actividades como edición de libros, conferencias, o seminarios, en los que tratemos en comunión los problemas que debemos afrontar.

En este sentido, y también acompañando a la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, pretendemos adentrarnos en la observación, estudio y valoración, rentabilizando su eventual herencia, del Centro de Estudios Sociales, que tuvo sede en el Valle de los Caídos, y cuya labor fue determinante en la profundización y desarrollo de la doctrina social de la Iglesia, en aras de soslayar las graves desigualdades sociales, causa, no única pero sí importante, de parte de los grandes dramas de nuestra historia reciente.

Es decir, y en resumen, ora et labora et lege. Tan antiguo y tan actual. Tan sencillo y tan complejo.

No quiero dejar de poner de manifiesto dos cuestiones. La primera es que los que me antecedieron, con mucho mayor acierto y capacidad, fueron capaces de crear el Primer Congreso Benedictino, que será también materia recurrente de nuestro trabajo divulgativo. En segundo lugar, que por encima, y sobre todo al margen, de todas las interesadas polémicas, los benedictinos en general, y los del Valle en particular, nada tienen que ver con sistemas políticos o ideológicos, nada tienen que ver con fronteras, ni con las contingencias particulares. Eso no es más que el rumor de aguas que pasa bajo sus puentes, desde hace más de quince siglos, y que acaba perdiéndose en el mar del olvido. Los monjes son presencia silenciosa ante Dios, al margen de contingencias inmediatas, pero atentos al latido vivo de sus hermanos y de la sociedad en la que viven.  Los monjes en general, en especial los benedictinos, y en particular los de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos deben seguir teniendo el papel esencial que han tenido desde el siglo V, mucho más trascendental de las cuestiones circunstanciales y momentáneas.

El Foro quiere responder al grito lleno de amor de San Juan Pablo II: despertar Europa, reconstruir su identidad desde el cristianismo, volviendo a las raíces comunes, recuperando su cultura, su dinamismo y su actividad de expansión constructiva.

 

Francisco José Hernández

Presidente Fundación Foro San Benito Europa

Volver