Nos consideramos un pueblo paradójico, tantas veces inmanejable para nosotros mismos, por lo que nos movemos entre nuestros propios complejos de inferioridad y las leyendas negras de los demás.

Contradictorio como la propia tierra donde se asienta, o en armonía consigo mismo cuando las alternancias internas se aquietan.

Capaz, como en nuestros días, de no estar de acuerdo ni con Dios ni con su vecino, pero también de haber llevado a cabo empresas comunes portentosas.

Entre esos claroscuros, hemos escogido una porción de hechos que han dejado huella profunda entre nosotros y en Europa. La mayor parte son sobradamente conocidos.

Por eso me limito a su mención y a alguna anotación más o menos amplia según su importancia. Me detengo a mediados del siglo XVII.

Pero sí me voy a extender en una reflexión sobre el sentido y las consecuencias de la Paz de Wetsfalia y la representación que le ha correspondido a España en los tiempos de la modernidad. 

 

P. ANSELMO ÁLVAREZ OSB

 

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